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La discriminación en México. (La cultura Mexicana clasista y racista).

  • Foto del escritor: The Criminal Hunter
    The Criminal Hunter
  • 22 jun 2018
  • 2 Min. de lectura

En México los pobres, las mujeres, obreros, minorías de distintas etnias y religiosas, adultos mayores, personas de diferente orientación sexual, trabajadoras del hogar, migrantes y personas con capacidades diferentes son los mas frecuentes a ser victimas de la discriminación.


El clasismo y el racismo en México están profundamente emparejados, casi siempre acompañado uno del otro. Y tristemente nuestra sociedad no se dan cuenta de esta problemática que pasa en frente de nuestros ojos, y se proclaman airosos y furiosos que en México no existe el racismo o el clasismo.


“Tipo oaxaqueño”, “raza de bronce”, “color de llanta”, “indio pata rajada”, “por suerte nos salió güerito y mejoró la raza”. “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”, “se cobró a lo chino”, “lo bajaron del cerro a tamborazos”, “güero de rancho”, “es algo morenito pero bonito”. Son algunas de tantas expresiones racistas que hemos empleado en nuestras conversaciones y etiquetamientos.


Las sirvientas son en su mayoría muy morenas, con los dueños de la casa respectiva menos morenos, o ya blanquitos. Las telenovelas, las páginas de sociales, están repletas de personas que bien podrían ser europeas. La clase pudiente, la dominante en muchos aspectos, tiene poco de prieta, morena o indígena. El parámetro de belleza nacional tiene un componente esencial: la pigmentación de la piel: entre más se acerque a la escandinava.


La MSSI es un producto novedoso, aparte de extraordinario, del INEGI. Por primera vez se presenta información considerando las características sociodemográficas de la población de 25 a 64 años de edad, sus niveles educativos y de trabajo, a partir de su situación socioeconómica de origen, es decir, cuando los encuestados tenían 14 años de edad.


En el MMSI se aplicó una escala cromática, utilizada en el Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA por sus siglas en inglés), que clasifica la piel en 11 tonalidades con el propósito de que el propio entrevistado identificara su color. De las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más clara, solo 10% no tenía escolaridad alguna. Esa cifra se duplicaba (a 20.2%) para las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscuras. Mientras más oscuro el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se redujeron. Cuando los tonos de piel eran más claros, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación subieron.


El MMSI del INEGI aporta datos duros de una realidad lacerante. Debe ser un elemento que contribuya no a la molestia, sino al enfrentamiento de la realidad. Lograr la igualdad de tonalidades de piel está en el futuro, pero buscar una mayor igualdad para todos los mexicanos, desde los negros que se dice que no existen en México, hasta los indígenas que hoy tantos desprecian de manera discreta o abierta, es un imperativo. Ojalá que el INEGI y otros sigan retratando la triste realidad. Si duele ayuda, porque contribuye para que se busquen soluciones a un problema que muchos argumentan que ni siquiera existe.

 
 
 

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